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De la filoxera a la crisis financiera

De la filoxera a la crisis financiera

Me cuesta un poco aproximarme a lo que debió de ser el Priorat posfiloxérico, pero viendo cómo quedó el Priorat a partir de la década de los ochenta, cuando la regresión demográfica había llegado a su punto más alto, es fácil suponer que aquella agonía fue como todas las agonías suelen ser: larga y lenta.

Vivir entre montañas supone, ya de entrada, un gran reto para el espíritu. Requiere una capacidad añadida de imaginar lo que hay más allá de los cerros y colinas que rodean el día a día de quienes se dedican a la agricultura en el Priorat, y por supuesto en cualquier lugar montañoso. Y todos aquellos que vivieron en el Priorat sufriendo una de las más fuertes crisis de la viña conocidas hasta el momento necesitaron mucho tiempo para darse cuenta de que el Priorat no era el mejor lugar para ganarse la vida fácilmente como campesino ni de ninguna otra manera. Entonces no existía aún la planificación turística ni todos los montajes que hay actualmente. Los caminos de herradura estaban en pleno uso por mulas y caminantes, y ahora, en cambio, se recuperan del olvido para ofrecerlos en paquetes turísticos para caminantes, jinetes y ciclistas.

Con los años, el Priorat se ha abierto al mundo gracias, entre otras cosas, a sus vinos; pero la comarca no ha estado nunca oficialmente cerrada, aunque hubo pueblos que casi colgaron el cartel de cerrado. Y, junto a esos pueblos, muchos de los cultivos también vieron crecer el olvido entre sus árboles y plantas.

Pero en los años 90 se pone en marcha, estallando, una revolución en el tejido económico y social. El renacimiento del Priorat vitivinícola tomó un cariz muy distinto del que había tenido hasta entonces. Quienes obraron ese cambio milagroso emplearon las mejores uvas del Priorat, de las viñas más viejas, y las mejores y más nuevas técnicas de marketing publicitario para colocar en lo más alto del escaparate unas cuantas botellas de grandes y selectos vinos. La repercusión de esa estrategia fue total, y el resultado es el que ahora vivimos: multitud de bodegas, pequeñas y no tan pequeñas, empezaron a implantarse en el territorio, junto con varios centenares de hectáreas de viñedo de nueva plantación. Pequeños emprendedores y grandes especuladores llegaron juntos al mercado internacional con sus vinos, y ahora el mercado se detiene a causa de la gran crisis financiera de 2009. Y así empiezan a surgir grandes dudas sobre la viabilidad económica de todo este gran embrollo que ha reconvertido un Priorat que había caído en desuso y que fue rescatado del olvido y la miseria no por altruistas, sino por oportunistas que vieron en él un diamante en bruto que había que pulir para renovar su valor.

Aquella llamarada, casi veinte años después, se apaga por sí sola. Como es de suponer, no se extinguirá de golpe; será también una agonía lenta como la crisis posfiloxérica. Tras la gran explosión y la posterior humareda, cuando el polvo y el olvido se hayan depositado de nuevo por todos los rincones de pueblos y cultivos, aún quedará latente la fuerza de la montaña. Como un volcán dormido que permanecerá esperando otro movimiento sísmico que haga tambalear sus estructuras, entonces el Priorat volverá a despertar. Pero antes habrá que esperar a ver cómo la asfixia va restando fuerza a las llamas hasta acabar dejando unas brasas encendidas de forma permanente.

Y ahora ya se empiezan a ver de nuevo viñas y cultivos abandonados, perdidos e indistinguibles entre la vegetación seca que anuncia la inminente entrada del poderoso verano prioratino. Pero, mientras tanto, magnas construcciones se alzan en los lugares más impensados. Unas ya acabadas y buscando la rentabilidad económica esperada; otras en proyecto o en fase avanzada. Por toda la comarca, de norte a sur, queda ya el testimonio vivo de una fantasía creada en torno a la cultura del vino. Una forma de cultura que ha llegado a su máxima expresión en el Priorat, con bodegas y viñas de alta expresión. Como la alta costura en su momento, que después dio paso a otras tendencias de la moda: una moda más que, como todas, ha tenido su momento de gloria y que, una vez puesta al nivel de las demás culturas, pasa a ser una moda más.

Y la esencia, sin embargo, es insuperable, como todas las olimpiadas, ya que la última celebración siempre es mejor que cualquiera de las anteriores. Y el producto que ha vendido el Priorat hasta hace poco era verdaderamente la esencia de una tierra y unas viñas castigadas por la dureza de un clima bastante extremo. Ahora las viejas viñas empiezan a ser centenarias, y las nuevas dan frutos sabrosos y de gran concentración, pero nunca tendrán las cualidades de aquellas plantaciones posfiloxéricas llevadas a cabo por aquellos románticos del campesinado de montaña que supieron resistir la tentación de abandonarlo todo para caer en la vida fácil del trabajo en la fábrica. Al contrario, esos románticos convirtieron sus pequeños pedazos de tierra alejados del bullicio urbano en el reducto espiritual que les proporcionaba a la vez un ingreso complementario, que con el tiempo fue perdiendo rendimiento económico hasta pasar a ser el único nexo de complicidad con el recuerdo de sus antepasados, salvo las fotografías colgadas por los pasillos.

La historia del Priorat no acaba aquí. Habrá que ver todavía muchas más cosas. Los grandes capitales enterrados en el Priorat en los últimos años en forma de colosales plantaciones y gigantescas bodegas han dejado boquiabiertos a los más pequeños, y también a los más grandes, que aún hoy no entienden qué clase de planteamientos son estos. Ellos no entienden de macroeconomía ni de marketing ni de nada que no sea trabajar duramente para ganarse el pan de cada día. Ellos saben lo que verdaderamente cuesta trabajar las viñas en el Priorat y el rendimiento que dan. Y ahora ven cómo un nuevo ciclo comienza con un final presidido por un gran interrogante sobre el futuro de las magnas obras.

Hasta ahora se veían sobrevolar avionetas y helicópteros por encima de nuestras cabezas, capturando con la mirada el encanto escondido en los hondos valles o en los riscos de rojo contrastado. Ahora, con el estallido de esta crisis que se lleva por delante muchas ilusiones, los buitres también volverán a ocupar su lugar. Y es normal que así sea, ya que después de una gran subida siempre hay una bajada y muchos se sienten tentados de lanzarse a ella.

La crisis financiera nos dejará de bueno, sobre todo, el habernos abierto los ojos cerrados por el deslumbramiento inicial. Y nos volverá a poner en nuestro lugar. Un lugar que realmente no deberíamos haber dejado nunca y que solo los más viejos han sabido conservar.

Y aquellos americanos desahuciados que fueron tentados por los agresivos vendedores de hipotecas de unos Estados Unidos crecientes y cada vez más emergentes pudieron darse el placer de beberse algunas botellas de los mejores vinos del mundo a costa de la ilusión inversora de los pequeños ahorradores.

Ilusiones, al fin y al cabo.

Sueños y espejismos que por un momento, o por unos cuantos años, se hacen realidad, pero que finalmente volverán a ser las brasas de un gran fuego que, de forma latente, perdurará enterrado bajo el subsuelo de licorella del Priorat.